Noticias

Nuestro primer proyecto comunitario

A veces, los proyectos más bonitos nacen de la forma más inesperada. Sin previo aviso, sin grandes planes, simplemente a partir de una idea compartida en el momento adecuado, como si siempre hubieran estado destinados a encontrar su lugar.

Así fue como Alma y Valeria, dos estudiantes de escaparatismo, llegaron a la Cámara con una propuesta que, desde el primer instante, nos hizo sentir que encajaba perfectamente con lo que somos. Su idea no era solo crear algo visual o estético, sino dar vida a un espacio que conectara directamente con el barrio, con las personas, con la esencia misma de nuestra comunidad.

Querían construir algo más que un elemento decorativo. Querían crear un punto de encuentro.

De esa intención nació nuestra estantería comunitaria.

Un espacio sencillo en apariencia, pero lleno de significado. Un lugar donde el intercambio es libre y desinteresado. Donde todo el mundo puede dejar aquello que ya no utiliza como por ejemplo libros, pinturas, juguetes…y al mismo tiempo encontrar y llevarse lo que quieran que les guste o haga ilusión.

No se trata solo de dar o recibir sino de compartir.

Una estantería quieta que metafóricamente nunca deja de moverse. Un rincón donde los objetos no permanecen mucho rato, sino que transitan. Donde lo que alguien deja atrás no se pierde ni se olvida, sino que encuentra otro camino, otra casa, otra utilidad.

Un rincón construido entre todos.

Cada objeto que llega a la estantería trae consigo un recorrido, una historia previa. Y cada objeto que se va, comienza una nueva vida. Un gesto tan sencillo como por ejemplo dejar un libro que ya no te interesa porque simplemente ya lo leíste, puede significar un mundo para otra persona que lo encuentra.

Para nosotros, como Cámara, este proyecto significa mucho más de lo que imaginábamos en un principio. Representa un paso importante hacia nuestra misión: abrirnos y conectar con todas las personas para que poco a poco entiendan que la cultura y el arte están en todas partes.

Lo que comenzó en su momento como un proyecto de clase a día de hoy ya forma parte de la Cámara y es uno de nuestros rincones favoritos. Este pequeño espacio se ha convertido en un reflejo vivo del barrio de Campanar: bonito, cambiante, diverso y lleno de vida.

Y quizás lo más bonito de todo es que esto no termina aquí. Este es solo el comienzo.

El primer proyecto comunitario de muchos.

Por eso, queremos dar las gracias de corazón a Alma y Valeria. Por su iniciativa, por su creatividad y, sobre todo, por su sensibilidad al entender lo que necesitábamos incluso antes de que nosotros mismos lo supiéramos. Porque al final lo que buscamos es que la Cámara no sea solo un espacio físico sino una idea, una comunidad, una forma de entender lo que hacemos y por qué lo hacemos.

 

-Una estantería que expone nuestra esencia.

Una estantería que crea vínculos.

-Una estantería que une.

-Una estantería que representa totalmente lo que somos y nuestros valores.


 

Leave a Reply